
Empezó como un juego.
La búsqueda de la esencia del color de la sangre, del amor.
Un único objetivo: seguir su rastro, dejarnos llevar por él. Sin límites. Seguirlo, perseguirlo. Filmarlo para luego mostrarlo.
Así comenzó el red trip hace poco menos de un mes. Y poco a poco la transformación, la pérdida de identidad, la fusión con el propio color en el que nos convertimos.
Atravesamos pueblos y ciudades como una mancha de pintura que va dejando su rastro. Ahora una línea roja recorre Europa, de oeste a este.
Pero el red trip va más allá. No ha hecho más que empezar.
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