
El ruido de las llaves al sacarlas del bolso, al cogerlas del bolsillo, siempre ha sido Casa. Es llegar de un día jodido darle al play y quitarme los zapatos. Servirme una copa de vino y tirarme en el sofá. O, mejor aún, tirarte en el sofá y dejar que me acaricies. Es sacar las llaves corriendo con tu lengua en mi cuello, sintiendo que no nos da tiempo a que se abra la puerta. Es hacer malabares con las bolsas del supermercado estrangulando mis dedos y soltarlas por fin, que gusto, en cuanto toco pasillo. Es como cuando jugando al pilla pilla te tocaba Casita y allí estabas a salvo, no te podían atrapar, nadie te haría daño. Llegar tiritando, con cinco vueltas de bufanda en tu cuello y sentir el calor, los músculos que se relajan. Y encontrarte a ti, o encontrarles a ellos, o que no haya nadie pero huela a vainilla. Y preguntar qué tal y decir una tontería y morirnos de la risa y ponernos a bailar.
Hoy he sacado mis llaves, y un chico que iba delante ha sacado las suyas y hemos hecho nuestra música mientras pensábamos, cada uno, en que pronto estaríamos a salvo... ¡¡Casita!!
También hoy, justo antes de lo de las llaves, me han cantado 20 canciones desesperadas y luego 20 canciones de amor, y luego un poema de desamor, y otro de amor... y he visto a Fer huyendo, feliz, con su vestido de novia. Artista!! Dicen que correr es de cobardes y yo que creo que la mayoría de las veces hace falta ser muy valiente para poder volar lejos...
Non fuyais Quijota!!! pronto habrá ron, y malecón, y farero...
Aunque estos sean los últimos versos que yo le escriba...